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La llamada del día
-LAURA: Buenos días. Le atiende Laura. ¿En qué puedo ayudarle?
-Hola, Laura, mira es que tengo un problema. A ver si tú me ayudas. Quiero que consigas hablar con mi amigo Carlos. Es que yo estoy un poco mal, lo reconozco. El otro día mirándome al espejo me vi las orejas y les cogí tal asco y tanta manía que me corté una, pero, pssss, no te preocupes que sigo oyendo bien y te oigo perfectamente. Mi problema es que llevo ya un rato mirándome el dedo chico del pie y le estoy empezando a coger manía y he llamado a mi psiquiatra y no está ahora en la clínica y el único que me puede ayudar es mi amigo Carlos.
-LAURA: Ya, ya, claro, lo que necesita es contactar con su amigo... ¿Sabe sus apellidos?
-Pues no... Es que lo conozco por Carlos. Toda la vida le he llamado Carlos, no por el apellido. Vive aquí, en el pueblo de al lado y creo que hay pocos Carlos... Si me va diciendo las calles le digo el que es.
-LAURA: Ya, mire, yo podría ayudarle, pero disculpe, por la Ley de Protección de Datos no podemos hacer búsquedas sin saber al menos un apellido...
-Bueno, pues va, déjalo, porque de tanto hablar contigo ya se me han quitado las ganas de cortarme los dedos...